El rostro del mal

“Monstrun in fronti, monstrun in alma” Esta locución o frase latina de los antiguos romanos, dice, la monstruosidad del alma humana se expresa en el rostro. Aplicado a la vida cotidiana diríamos, al que es malo se le nota su maldad en la cara; pues se dice, la cara y, en particular los ojos, son el espejo del alma.

Algunas expresiones relacionadas con nuestro frontis son: Hacer malacara, componga esa cara, con qué cara voy  yo ahora a……, cual es el visaje, palabra muy usada hoy cuyo significado es gesto del rostro

En mi barrio de niño había a quien llamaran carenalga, a otro le decían carecrimen, estaba el carepalo o rostrode madera, el careloco, el careniña.

Todos ellos nombrados así, por la presunción o certeza de que en las almas de estos se alojaban atributos o formas de ser las, cuales se dibujaban en sus rostros

¿ Será válido hoy este pensamiento?. ¿Podemos decir que el malevo se reconoce fácil por su apariencia?

Los pillos de estos barrios de Medellín hace unos 40 años, en su  gran mayoría eran muy identificables y hacían mucho más fácil la labor de la policía, por dos razones, una, su  facha era muy diferente a las del resto de personas y por esto llegaban en sus patrullas a los barrios y con solo mirar sus rostros los montaban y casi siempre acertaban, y otra, es que,  a diferencia de hoy, no inspiraban, ni influían tanto a los jóvenes en sus ademanes, términos, atuendos; es decir no se parecían tanto a la generalidad de los  jóvenes, o lo jóvenes no se parecían tanto a ellos y por eso no encontraban fácil refugio en la población.

El rostro del pillo antiguo con sus manchas, cicatrices  y arrugas causadas por el continuo  desempeño de su labor delictiva a campo abierto, por las pepas,  por mal comidos, mal dormidos, era  un documento que contaba a todo aquel que se topaba con el una larga  historia de tropeles y delitos.

Logico es pensar como toda regla tiene sus excepciones, y esta, en mi barrio Manrique, era Juaquin Emilio: sin oficio conocido, alma de Dios por su mansedumbre, mariguanero por costumbre y asiduo de la cárcel la Ladera, a donde lo mandaban a temperar los inspectores de policía,  quienes tenían en ese tiempo la infame potestad de enviarlo, a el y quien quisieran,  treinta días a la cana por simples sospechas  (les metían el treintazo)

Pero las cosas han cambiado, y se ha complicado la labor del policía  cuyo oficio es identificar entre la masa humana al pillo por su  rostro, por sus gestos y actos.

El rostro del pillo de hoy le ayuda en sus actividades,  le brinda camuflaje y favorece su supervivencia. Sin desconocer que hoy también hay pillos mal trajados, una buena mayoría de estos, usan gomina, ropa de marca, se miran al espejo de frente, se esmeran por la presentación personal, su rostro a diferencia del antiguo pillo no alerta a sus víctimas tan fácil.

Son rostros frescos los cuales por asunto de tiempo no han alcanzado todavía a reflejar el monstrun que hay en sus almas; son delincuentes perversos con aspecto de niños buenos cuyos rostros no han sido sazonados en largo aprendizaje entre atracos robos, lances a cuchillo, canazos, y  otros hechos azarosos.

Son pillos de la era moderna, hechos casi de la noche a la mañana y cuyas sus almas ha venido siendo moldeadas tanto por el ejemplo de los pillos del barrio, como por el trabajo complementario de adoctrinamiento realizado por  los grandes medios de comunicación, como los de la tv, quienes han decidido desde hace unos años  llenarse de plata con telenovelas y dramatizados cuyos personajes logran que muchos niños y jóvenes de este país terminen admirando y quieran parecerse a los matones y las prepagos exitosos.

El ladron viejo, casasola, de miles mapas hechos a puñal sobre su pecho, de rostro curtido por el sol y las pepas, el  de radio sony de pilas gruesas, tarareador de los tangos de Gardel y Echague,   que salía temprano a hacer sus fechorías en otros barrios, lo sucedió el pillo gregario, que a las líneas de piel rasgada del pillo antiguo, agrega puntos; de rostro sin mancha, de mp4,  celular y buena moto, de reggaetón y otras liricas insulsas y quien no tiene que madrugar a hacer sus fechorías porque las comienza a hacer desde el quicio de su casa.

En fin que en nuestro país una ya no sabe que pensar, si la pillamenta escalo o la sociedad bajo, por lo pronto y, mientras resuelvo este dilema, me consuelo recordando una frase que me dijo un niño en el colegio señalando a otro: “profe es que este quiere ser malo pero su mama no lo deja”

Jorge Vásquez C.

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